Consejos escritores noveles

Espacio y tiempo narrativo. Mi formación en la escuela de escritores de Madrid

21 noviembre, 2019
tiempo narrativo

¿Os habéis parado alguna vez a pensar sobre el espacio y el tiempo narrativo? Los utilizo de manera instintiva, aplicando algunos trucos de escritora que os contaré a lo largo del artículo, pero nunca había pensado en ellos detenidamente. Por suerte, de eso han tratado las dos últimas clases de mi curso de escritura en la Escuela de escritores de Madrid: del espacio y el tiempo narrativo.

El tiempo narrativo

Resulta que hay muchos tiempos involucrados en una novela:

  • Tiempo de escritura: Es el tiempo que tarda un escritor en terminar su novela. Un consejo: no dejes que se dilate, no eres el mismo escritor cuando empiezas que cuando acabas. Y quieres volver a releer la novela para mejorarla, una y otra vez en un círculo infinito. Hay algo que leí una vez: «Una novela nunca se acaba, solo se abandona» y es una de las mayores verdades que he leído.
  • Tiempo de lectura: Es el tiempo que un lector emplea en leer un libro. En mi caso lo hago bastante rápido, si el libro me gusta (si no, se me hace un tostón infinito como Cumbres borrascosas), pero esto dependerá de tu velocidad de lectura. A veces ocurren cosas curiosas, como que un libro esté concebido para leerse en el mismo tiempo que transcurre su historia, como Cinco horas con Mario.
  • Tiempo interno: Lo que dura la historia objetivamente hablando. Por ejemplo, el Ulises dura un día y Cien años de soledad, pues imagina.
  • Tiempo subjetivo: Es el tiempo psicológico de la novela. Para que se entienda os dejo abajo un ejemplo. La parte subjetiva está en cursiva. Por ejemplo, cuando piensan los personajes.
  • Tiempo objetivo: Es el tiempo cronológico de la novela, lo que mide el reloj. La parte objetiva está en negrita. Las acciones en presente se refieren a este tiempo.

Laura sostiene sus manos que hace rato comenzaron a sudar. Busca entre su cabello rubio, perfectamente engominado hacia atrás, algún pelo que se haya revelado, pero es incapaz de encontrarlo. La chaqueta azul le ciñe el torso musculoso sin arruga visible; su futura suegra se ha encargado de plancharlo las veces necesarias para que su hijo luzca impoluto en el día que lo perderá para siempre. Eso es lo que ella le recuerda una y otra vez, sin remordimiento ninguno.

Trucos para usar el tiempo narrativo

El tiempo narrativo puede alargarse o acortarse en una novela con determinados trucos. Si quieres que el tiempo narrativo pase más rápido, como por ejemplo en una pelea o cuando un personaje está nervioso, utiliza oraciones simples, verbos de acción y tiempos verbales presentes.
Si quieres que pase más lento utiliza frases largas, subordinadas y tiempos verbales en pasado.

El espacio narrativo

Igual de importante que el tiempo narrativo es el espacio. En los apuntes insisten en utilizarlo como si fuese un personaje más, cosa que me parece muy acertada.
Os he comentado antes que he leído Cumbres Borrascosas para mi club de lectura. No me ha gustado nada, a pesar de estar bien escrito, pero me hacía querer matar; cosas que tienen los libros. En ese aspecto, Cumbres Borrascosas, la casa donde transcurre parte de la historia, se ve como un personaje más, es parte de la trama, de los personajes y funciona como elemento por sí mismo.
Podemos utilizar diversos espacios para describir a los personajes, no es lo mismo la habitación de un adolescente que de una monja.

Hay muchos tipos de espacios en novelas:

  • Reales: Los que todos conocemos y se describen de forma objetiva. Por ejemplo un personaje que visita el Museo del Prado.
  • Subjetivos: Espacios que están contaminados por la mente del personaje. Imaginad que es un chico que está pasando por una depresión y acaba en un bar de mala muerte, oscuro y tenebroso. Posiblemente no sea igual visto por él que por una chica que sale de fiesta a celebrar que ha terminado la carrera.
  • Simbólicos o mentales: Si quieres mostrar un personaje que se siente agobiado tal vez puedas presentarlo en una celda, o si pretendes describir a una chica enamorada hazlo bailando en medio de una pradera llena de flores (esto es demasiado obvio, pero para que lo entiendas). Los espacios pueden hacernos ver el estado de ánimo de los personajes.

Hay escritores geniales que crean todo un universo para ambientar su historia, como en El señor de los anillos. En las novelas de fantasía no te queda otra que coger papel y lápiz y desarrollar mapas. Aunque esto es algo que también puedes hacer con una novela, por ejemplo, cuando hay muchos personajes y están conversando en una habitación. Si no lo haces a veces acaba cada uno por un lado y alguno se te ha perdido.

Para finalizar, os dejo los artículos de las últimas dos semanas: uno basado en el tiempo narrativo y otro en el espacio. Me gusta mucho el primero, el segundo bastante menos, sobre todo porque me confundí al hacerlo.

Ejercicio 5: «Tres espacios diferentes». El primero un recuerdo de pequeño, el segundo un lugar tenebroso y el tercero un lugar imaginado.

Como siempre, pretendo crear una historia con cada ejercicio. Este texto me ha gustado mucho escribirlo y creo que me ha quedado muy bien. Estoy muy orgullosa. Al final os dejo las opiniones que me dieron en clase.

TRES SEGUNDOS

Tres segundos.

Mi primer recuerdo es el descampado que separaba los bloques de edificios del colegio. Aunque con diez años parecía inmenso, al visitarlo tiempo después, no era más grande que un cuarto de campo de fútbol. Cubierto de plantas silvestres, cambiaba de color cada estación; pero el olor que más recuerdo no es el de las florecillas amarillas de la primavera, si no el de fermentación en verano. Los jardineros tiraban los restos de podar el césped allí, cosa que ahora se consideraría un delito ambiental. Algunos niños odiaban aquel olor a descomposición, pero a mí me encantaba. Usábamos esos restos para cubrir el suelo de las casitas que construíamos con trozos de maderas encontrados en contenedores. Fueron buenos tiempos hasta que apareció Pablo con su banda y lo destruyó todo. No volvimos al descampado, pero decidí que cuando fuese mayor lucharía contra los Pablos del mundo.

Dos segundos.

El siguiente recuerdo que intercepta mi memoria es el día que Marta y yo nos perdimos en la montaña un día de excursión con el colegio. Caminábamos entre los árboles que, dispuestos como un tupido ejército, impedían que los rayos de luz tocaran el suelo. Este estaba cubierto por una densa capa de musgo verde, brillante y esponjoso. Procurábamos pisar en él porque como lo hiciéramos en alguna piedra lisa corríamos peligro de caernos y dañarnos con las ramas rotas perdidas por los árboles. Utilizábamos los troncos rugosos para sujetarnos, pero al final acabamos con las manos pringosas y negras, fruto de la resina. Al acabar el día tenía los dedos de los pies contraídos y buscando calor, la humedad se había encargado de empapar los calcetines, cosa muy desagradable. Marta no paraba de llorar, incluso después de que nos encontraran, yo intentaba calmarla contándola historias absurdas que había oído en televisión. Aquel día decidí que salvaría a las Martas del mundo.

Un segundo.

La primera vez que entré en la cabina de la nave espacial, tras el entrenamiento que me convirtió en piloto, no me fije en la ristra de asientos demasiado grandes, ni en la rejilla metálica que cubría desigualmente la zona por donde caminábamos y que sonaba como si golpeases una sartén. Tampoco en los miles de botones de todas las formas, colores, texturas y tamaños que cubrían desde el techo hasta el suelo, pasando por las paredes y las mesas; ni en el olor metálico, similar a la sangre, que perduraría en mi cabeza hasta tres semanas después. Lo único que ocupó toda mi atención fue el inmenso cristal del frontal de la nave, desde el que se veía todo el universo. O lo que nos dejaba ver de él. Contemplaba el espacio infinito, la tierra demacrada y el resto de planetas yermos.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Hoy, lo más importante es lo que no puede verse a través del cristal, pero existe: la salvación de nuestra especie. Como capitana, en menos de un segundo pulsaré el botón para que la nave, cargada de terrícolas, salte a una nueva galaxia. Nos han invadido y no hay marcha atrás. Huimos de los malos y salvamos a los buenos. Pablos y Martas. Lo que me prometí siendo niña.

Es el momento: pulso el botón y saltamos.

Cero segundos.

MJ Moreno – 549 palabras – 03/11/2019

Me dijeron:
– El ejercicio cuenta una historia y cumple la consigna.
– Último párrafo que unifica todo el texto.
– Les gustó la historia.

Ejercicio 6. «El tiempo es un reloj a medida». Describe un momento de tensión, de apenas un minuto, pero vivido con lentitud exasperante. 600 palabras.

Como el último día vino menos gente, pudimos leerlo. Se me pasó la parte de «tensión» de las instrucciones, o la borré de mi mente. Entendí que tenía que alargar una acción de menos de un minuto en el tiempo. Así que utilice descripciones y pensamientos, frases largas y subordinadas, pero eso eliminó la tensión.

LAURA

¿Quieres recibir a Martín como esposo…
Laura sostiene sus manos que hace rato comenzaron a sudar. Busca entre su cabello rubio, perfectamente engominado hacia atrás, algún pelo que se haya revelado, pero es incapaz de encontrarlo. La chaqueta azul le ciñe el torso musculoso sin arruga visible; su futura suegra se ha encargado de plancharlo las veces necesarias para que su hijo luzca impoluto en el día que lo perderá para siempre. Eso es lo que ella le recuerda una y otra vez, sin remordimiento ninguno.
—… y prometes serle fiel…
Su hijo perfecto no lo fue tanto cuando le confesó que se acostó con una compañera del trabajo, hace dos años, justo un mes después de comprometerse. Martín es de lo más inoportuno, aunque ahora, su sonrisa amplía e ilusionada no parece recordar aquel momento en el que a punto estuvieron de romper. Ella le perdonó porque sería una hipócrita al no hacerlo: le engañó justo al año de conocerse; pero prefirió callarse para evitarle el sufrimiento. En el pecado llevaba la penitencia.
—… en la prosperidad y en la adversidad…
Martín dejó su trabajo, fue la condición de Laura para seguir con él. Con aquella decisión llegaron tiempos peores: se mudaron a una casa más pequeña y barata, vendieron los dos coches y renunciaron a gran parte de sus hobbies, que eran muchos y caros. Pero a Laura no le importó, prefería las tardes acurrucados en el sofá viendo series bajadas de Internet y jugando a juegos de mesa. No recuerda un tiempo más feliz en su relación, salvo cuando se conocieron y enamoraron.
—… en la salud y en la enfermedad…
Martín le aprieta las manos y le hace un guiño. Sus ojos son grandes y azules, de un color precioso que cambia con la luz, pero ahora lo más bonito es su brillo emocionado. Ella le devuelve el gesto y recuerda cuando le conoció en una fría sala de diálisis en la que ambos eran pacientes. Allí se enamoraron tras largas conversaciones, roces de manos y besos furtivos.
—… y así amarla y respetarla…
«La flor de su chaqueta es blanca», piensa Laura contrariada al percatarse del prendido de Martín. Debería ser roja, como las de su ramo y busca una explicación para ese cambio de última hora. Gira la cabeza, su futura suegra está sentada en primera fila, llorando a lágrima viva y con un prendido blanco en la solapa; en ese momento se reafirma: tiene la batalla perdida. Frunce el ceño y siente el impulso de soltar las manos, pero no lo hace.
—… todos los días de su vida?
Laura escucha las últimas palabras del cura, que lleva una sotana blanca dos tallas más grandes de lo que le corresponde y le brilla la calva. No dice nada y el silencio dura más de los esperado. La cara de Martín con los ojos brillantes y la sonrisa amplia se transmuta, arruga la frente y aprieta los labios.
Cientos de imágenes pasan por su mente, Laura suspira cuando un peso muerto se engancha a su garganta y sus cuerdas vocales vibran, con gran esfuerzo, para dar la respuesta que condicionará su vida o, al menos, su futuro más cercano.
La suerte está echada.

MJ Moreno – 545 palabras – 10/11/2019

Me dijeron:
– Estaba muy bien logrado que fuese un tiempo tan corto objetivo y tan largo subjetivo.
– No mantenía la tensión. Me dieron ideas como que ella supiese que estaba embarazada y no quería que su suegra se diese cuenta, jugar con eso. Ya os digo que me equivoqué.

Espero que este artículo os sirva para mejorar el espacio y tiempo narrativo en vuestros textos.
Aquí tenéis los dos últimos artículos de la serie, por si os los habéis perdido:

Me suscribo a La casita del fin del mundo

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