No soy una escritora Superwoman. Son las 18:27 del martes 10 de Abril. Mañana tengo que publicar y no tengo ningún post escrito. Miro mi calendario de publicación y es imposible terminar un artículo de la lista. Tardo una media de ocho horas en cada uno de ellos. El último me llevo la friolera de unas cuarenta. No he contestado ni un solo comentario del mismo. Y eso que ha sido el artículo más visible del blog, con mucha diferencia. Ni siquiera les he dado las gracias, mediante un correo más personal, a las correctoras que me ayudaron a hacerlo.
Mi email tiene unos treinta correos sin responder. Esta semana es la primera, en ocho meses, que no he programado las redes. Ninguna. Debido a eso, las visitas del blog han bajado. Este lunes tocaba Newsletter, me ha sido imposible enviarla. Tal vez sea porque ni siquiera he llegado a escribirla. La última tuvo la tasa de apertura más baja de la historia: 44%. Me preguntó para qué se suscribe la gente. Si les llegan esos correos. Si los tienen marcados como spam. Si les importa lo que digo.
Mañana publicaré este post y pasaré todo el día refrescando Google Analytics para ver si suben las visitas. No lo harán. No es un post con contenido evergreen. Me preguntaré si merece la pena todo esto. El sacrificio, el trabajo, la falta de sueño, el miedo y la angustia. Me repetiré que sí y volveré a presionarme para hacerlo mejor. Pero nunca es suficiente. Para mí nunca lo es.
Me he apuntado al Camp NaNoWriMo. No solo eso, si no que he abierto una cabaña para unir a la gente. Y ahora me da vergüenza aparecer por allí para decirles que no he escrito ni un solo día, y ya es 10. Propuse en mi grupo de Facebook escribir mañana un artículo sobre los miedos de las escritoras, a raíz de un artículo anterior. Se me olvidó. Y solo una persona lo recordó. Pienso que la he decepcionado. Me hace sentir mal. Y las demás personas… ¿Qué pensarán de mí?
Quería presentarme a un par de concursos. Tengo un borrador de un relato. Soy incapaz de pasarlo a limpio. No sé si es por el miedo a descubrir que es una mierda o por qué realmente no doy más de mí. Me siento abandonada como escritora. Insegura y frustrada.
No escribo. No escribo nada. Las ideas se quedan en mi mente. Siempre hay algo que hacer: programar las redes, escribir artículos, responder correos, relacionarme con escritores. Esta semana ni eso he hecho. Creo que he empezado la casa por el tejado. Otras veces pienso que por qué pierdo el tiempo. El artículo de las correctoras me toco el alma. Soy débil. Soy frágil. También cobarde. Salieron a relucir todos mis miedos.
Miro el número de palabras que llevo en el post: 390. Pienso que no es suficiente para que el artículo cumpla las reglas del SEO. Pero en este artículo no me apetece poner una palabra clave, ni hacer SEO, ni etiquetar imágenes. Solo quiero desahogarme. Aún así vuelvo a mirar las palabras: 424. Me quedan más de 1000 palabras para posicionar esta entrada. No voy a llegar.
Quiero publicar mi libro. Tengo que publicar mi libro. Y ahora mismo no es más que un borrador cutre. Está lleno de faltas ortográficas y de estilo. Le faltan los tres capítulos finales, los cuales están en mi cabeza pero no consigo que salgan de ella. Necesito publicarlo. Por mí. Y para que paren de criticarme por tener un blog para escritores sin tener un libro. No debería importarme, pero lo hace. Porque la que más se critica soy yo misma.
La gente me escribe y me pregunta. Les respondo en código Morse. No tengo tiempo para más. Mi grupo de escritores quieren hacer un Hangout, debería ser a primeros de mes. Tengo miedo de decirles que soy un fracaso. Que no he cumplido mis objetivos. Que tengo un calendario editorial y una agenda maravillosa y que no doy para más. Siento que les he defraudado.
Este fin de semana he estado en una feria de artesanía. Todo el mundo hablaba de las Storis de Instagram. Yo no tenía ni idea de como funcionaban. ¿En qué momento he perdido ese trozo del pastel? Tengo que aprender a usarlas. Una cosa más. Como si no fuese suficiente con Facebook, Twitter y Pinterest.
Llevo meses para unificar mi marca de artesanía y la del Sr. B. Y no termino de hacerlo. Me faltan horas en el día. Es importante. Tan importante que ni siquiera he empezado con ello.
Ya ni siquiera veo series, no leo. Llevo con un libro a medias más de un mes. Y eso que me encantaba. Ahora ya he perdido el hilo por completo. Cuatro capítulos de The walking dead atrasados. Eso sí que es fuerte. La he llevado al día desde la primera temporada. No sé que me pasa. El tiempo sigue corriendo y yo, por más que le persigo, nunca llego.
No estoy siguiendo el régimen: no tengo tiempo para cocinar. Y tengo que perder 20 kilos. Me da la sensación de que no dejaré de ser una bola jamás. Me duelen las piernas y la espalda. Y creo que las rodillas no van a sobrevivir a esto. El gimnasio está esperándome. Le salude un día y ya. Me siento culpable. No pienso comprarme más ropa. Todavía tengo un poco de dignidad. Y repito una y otra vez los tres pantalones y cuatro camisetas que tengo. Pensarán que soy una sucia. Me importa poco.
He ido con Daryl al veterinario. Tiene fiebre. Parece que un gato le ha mordido. Ahora entiendo todo ese pelo en la puerta de casa. Le han pinchado y ahora no se mueve, tiene cara de moribundo. Tal vez sean las drogas del dolor. Olvidé decirle a la veterinaria que yo también necesito una dosis.
Miro el número de palabras y ya son 814, con un poco de suerte puede que llegue a las 1000. ¿Y qué más da? ¿Servirá de algo? A veces pienso que a dónde voy. Que me creo mucho más de lo que soy. Y tengo la absurda idea de que el trabajo me llevará a cumplir mis objetivos. Pero no olvido que además me hará falta un poquito de suerte. ¿Aparecerá entre tanto barullo?
Me creo una Super Woman. Y a veces no puedo. Otras veces no quiero. Eso no importa: me obligo a mi misma y no pienso en mí. Abarco demasiado. Me exijo demasiado. Y me fustigo cuando las cosas no salen como quiero, que es siempre.
Llevo 1029 palabras, el SEO aparece como no disponible. Me duele en el alma. Pero estoy segura de que antes de publicar el artículo estará en verde. Soy incapaz de dejarlo así. No dejaría de culparme. Eso sí, solo he tardado una hora en escribirlo.
Creí ser una escritora SuperWoman y hoy me siento una impostora.
Ya veremos mañana.






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