Escritura terapéutica

Escritura terapéutica: así me vengué de mi exjefe

9 abril, 2020
escritura terapéutica

Sin saberlo, he utilizado la escritura terapéutica desde niña.

Cuando tenía unos diez años, no sé muy bien cómo, me colé en un club privado donde había unos columpios muy chulos. Yo era una niña muy buena, por eso no recuerdo como llegué hasta allí. Supongo que alguien me pervirtió, pero no puedo asegurarlo. Me apropié de un columpio y lo estaba pasando genial, hasta que apareció una pequeña psicópata. Sin mediar palabra me pegó una hostia porque podía. Y yo, en lugar de devolvérsela, me fui llorando. Jamás he vuelto a ver a aquella niña, al menos en el mundo real. Pero en mi mente la veo muchísimas veces y me vengo de todas las formas posibles: ahorcándola con las cadenas del columpio, partiéndola por la mitad en el balancín e incluso proyectándola al ciberespacio desde el tobogán.


Ahora que lo pienso tal vez la niña psicópata era yo. Mejor sigamos.


Entonces no tenía la capacidad ni los recursos para enfrentarme a ese tipo de gente y el único modo que tenía para sentirme mejor era crear una historia de venganza.
Con el paso del tiempo, inventé muchas más con todos los problemas que aparecían en mi vida.


Hasta llegar a conocer al villano más malvado que jamás conocerás: mi exjefe. Este tipo es un mindundi repugnante que se cree Dios y solo es el lider de su portal. Intento pensar algo positivo de él y no se me ocurre nada. Es mentiroso, egoísta, inculto, maleducado, egocéntrico, maltratador, envidioso, etc. Le denunciaron en un par de ocasiones por acoso laboral, pero no le pasó nada. Porque los malvados siempre tienen suerte, al menos hasta que llega el final.


Este personaje es tan rastrero que hace la pelota a todo el que está por encima de él y humillaba a sus empleados, especialmente a los más débiles. Gente como yo, la niña de la hostia en el columpio. Trabajar con él fue un infierno, se aprovechaba de pagarnos sueldos miserables para que no tuviésemos ningún margen de maniobra. Incluso a veces nos tenía que dar un plus para poder pagar la calefacción en invierno. No lo hacía por caridad, era para que no nos pusiéramos enfermos y no cogiéramos la baja. Todo lo que pueda decir es poco.


En aquel trabajo viví momentos muy chungos y fue el origen de todo lo malo que vino después. Me encerré en mi misma, no quería salir de casa y odiaba a la gente. Lo único que me tranquilizaba un poco era escribir y así fue como escribí el borrador de una novela en el que todavía me veo incapaz de trabajar.

Al tiempo me concedieron una baja por enfermedad mental y tenía mucho miedo de que los médicos pensaran que fingía y me mandaran de nuevo a aquel trabajo que me estaba matando. Pensaba que si no era productiva, no valía nada. Fue entonces cuando comencé mi segunda novela (pero la primera que publicaré), Ley de enfermedad 0, con esa premisa: un mundo donde la productividad de los individuos es lo más importante. La gente tiene un tiempo determinado para curarse, recluidos en centros y si no, pues imagina. Y escribir cada día sobre eso, me ayudaba a sentirme mejor. Además de la terapia, claro. En esa historia cree un villano a imagen y semejanza de mi exjefe. Era mi forma de vengarme, describirle como la más detestable alimaña y joderle. Y me sentía mejor. Eso y pegarle a una silla con un cojín durante algunas sesiones de terapia.

Con el tiempo me he dado cuenta de que lo que yo hacía de manera inconsciente, utilizar la escritura para intentar sentirme mejor con los acontecimientos de mi vida, es lo que se llama escritura terapéutica. Escribir me ha ayudado a expresar situaciones o sentimientos que era incapaz de verbalizar. Pero, en mi caso, no ha sido en forma de diario (alguna vez lo he escrito, pero era más una forma de machacarme y no pretendía eso) sino como historia de ficción. Ver las cosas escritas me ayuda a encajarlas desde fuera, a colocar la situación en mi mente, comprender lo que estoy haciendo y cómo solucionarlo y, por qué no, a vengarme de aquellos que me hacen daño. Así me vengué de la niña psicópata y de mi ex jefe maltratador.

He leído muchos libros de escritura terapéutica y algunos ejercicios me parecen demasiado abstractos o formales. Me gusta más intercalarlos con la ficción, aunque no siempre se puede. De ese modo soy la protagonista de mis historias y puedo aprovechar eso a mi favor. Me funciona muy bien a la hora de escribir relatos cortos. Si hay algo que me preocupa, busco la manera de introducirlo en una distopía y ver qué pasa. Supongo que por eso es mi género, porque me permite inventar la situación que más se ajuste a mi problema.

Si quieres probar a realizar un ejercicio de escritura terapéutica para ver qué está pasando contigo, qué te preocupa o simplemente desahogarte te dejo algunas pautas que a mí me han funcionado:

  • Busca un lugar tranquilo y relajado, donde te sientas segura. Prepárate una taza de té, enciende una vela perfumada, tápate con tu manta preferida, etc. Haz lo posible para estar cómoda.
  • Si te gustan las meditaciones guiadas, hay algunas aplicaciones gratuitas de móvil que puedes usar y no te llevará más de 5 minutos. Me gusta mucho «Hacía la calma». Al emplear algo de tiempo para centrarte en ti, te resultará mucho más fácil escribir sobre lo que te preocupa.
  • Me gusta hacer una lluvia de ideas con palabras o preocupaciones que aparecen de manera constante en mi mente. Coge un cuaderno y solo apunta las palabras o frases que te salten. No importa que sean muchas.
  • De todas esas palabras, elige la que más llame tu atención. Crea una historia (suele ser más fácil que sea de ciencia ficción o fantasía porque puedes meter ciertos elementos que son difíciles de colocar en el mundo real) en la que tu preocupación es un elemento importante para la trama, el villano la persona que más te enerva en este momento y la heroína seas tú.
  • Deja que la historia se desarrolle, fastidia al villano y sal victoriosa.

No sé si utilizas parte de tus vivencias y experiencias en la escritura, o si has practicado alguna vez la escritura terapéutica. Seguro que lo has hecho de manera inconsciente como yo.

Con el paso del tiempo, he creado mis propios ejercicios para unir creatividad, autoconocimiento, escritura creativa y terapéutica. Son los ejercicios que hubiese empezado a utilizar en el club de escritura presencial que impartiría en el centro de salud mental, pero que la pandemia ha retrasado. Creo que es interesante hacer estos ejercicios a solas, pero, por mi experiencia, mola más si luego se ponen en común en grupo. Espero poder comenzar con ellos en el futuro porque esto también pasará.

Si estás interesada en la escritura terapéutica sin moverte de casa (por supuesto ahora imposible), coordino un club de escritura terapéutica dentro de mi Patreon de escritora. Para saber más, pincha en la imagen inferior.

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2 Comments

  • Reply Isabel Veiga López 10 abril, 2020 at 13:39

    Tu exjefe hace que Mr Scrooge, en todas sus versiones, parezca el manager de una ONG. Lo triste es que tuvieses que descubrirlo en primera persona. Mientras te leía, pensaba que la niña odiosa podía ser la hija del exjefe y se matarían mutuamente. Algo así como en «La guerra de los Rose» 😀

    Yo he usado la escritura como manera de sacar opiniones que quería compartir con los demás para escuchar sus puntos de vista y aprender de ellos. Es muy interesante porque, hoy en día, aquellos puntos de vista me sirven para crear personajes que no piensan como yo.

    Una de mis novelas aparcadas es, precisamente, para poder decir públicamente todo lo que no pude decir en su momento a un montón de gente en particular. Sí, usamos la escritura para liberar a nuestros demonios, sean imaginarios o no.

    • Reply MJ 1 mayo, 2020 at 20:46

      A mí me ha ayudado mucho. No te voy a decir que no me he quedado con la ganas de darle una buena hostia, pero eso me traería más problemas. Espero que la vida no sea buena con él y mientras yo me vengo a mi manera.
      Gracias por tu comentario,
      MJ

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