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Trastornos mentales y escritores. Cómo sobrevivirlos

31 enero, 2019
trastornos mentales y escritores

Poco se habla de los trastornos mentales y los escritores. Este artículo es muy personal, habla sobre ello, pero puede que no te guste. No tiene muchas fotos, ni es una lista de recomendaciones. Este año habrá uno así cada mes, te aviso para que te lo puedas saltar, si no te gusta. Empiezo.

Este último año, durante diez meses, he asistido a una terapia intensiva en un Hospital de día de Salud Mental. Por eso dejé de publicar artículos en el blog desde abril hasta diciembre. Dejarlo fue muy duro, pero era una de mis tareas: centrarme solo en mí. Al principio intenté mantener el ritmo, pero estaba agotada. Me lo dijeron muy claro: “Llevas aquí solo un mes y parece que llevas un año, tienes que parar sí o sí”. Cuando claudiqué lo pasé muy mal, tenía un sentimiento de culpabilidad inmenso. Había trabajado mucho en mi blog y sentía que iba a perderlo todo. Conmigo siempre era así: o todo o nada. Catástrofe mundial.

No me daba cuenta que, hacía ya mucho tiempo, había perdido lo más importante: a mí.

En un momento muy lejano dejé de escucharme y me convencí de que mi voz no era importante. He tenido que aprender a alzarla y que la primera persona que tiene que oírla soy yo. No puedo olvidarme de eso. No quiero hacerlo.
El día que cambió mi vida fue cuando el psicólogo me preguntó: “¿Qué necesitas ahora?” Me quedé muerta y no supe qué decir. Nadie me lo había preguntado antes, o yo no había sabido escucharlo. ¿Qué necesitaba yo?¿Yo?

Hace unos dos años viví un hecho traumático y fue lo que despertó dentro de mí querer escribir un libro e iniciar mi blog. Era una manera de poder expresar mis miedos y vengarme o reconciliarme a través de mis personajes.

Cuando era pequeña todos mis profesores pensaban que sería escritora o periodista. Pero como yo era un superwoman decidí estudiar lo más difícil, ciencias puras y, posteriormente, una Ingeniería. Porque tenía que hacer lo más complicado, no lo que me gustaba o era fácil para mí. Era una estúpida, lo mismo de siempre: no me escuchaba. Si lo hubiese hecho ahora sería la reina del mambo.
Ese hecho traumático me llevo a tener una depresión e innumerables episodios de ansiedad. Fue más bien el desencadenante de todo lo que había arrastrado a lo largo de mi vida. Por suerte explotó en ese momento, si no hubiese pasado aquello ahora estaría igual: haciendo cosas para los demás y nada para mí misma. Silenciando mi voz para siempre.

No sé si habéis pasado por una enfermedad mental. Es muy duro, aun teniendo el apoyo de tu entorno te sientes sola. No sé qué hay de cierto en la creencia de que las profesiones creativas tenemos más posibilidades de sufrir este tipo de enfermedades. Mi visión particular, sin ningún hecho objetivo y solo basada en mi experiencia, es que se entrelazan dos cosas: una es la capacidad de darle más vueltas a la cabeza y, la otra, recibir estímulos exteriores de manera más intensa.

He leído algunas opiniones en las que se dice algo así como “gracias a sufrir una depresión tenemos estas obras de arte”, refiriéndose a trastornos mentales y escritores. Que se lo digan a Virginia Wolf mientras se hundía en mitad de un lago con los bolsillos llenos de piedras. Si le hubiesen ofrecido pasar a la posteridad como una escritora mundialmente famosa o dejar de tener esos sentimientos terribles no tengo duda de lo que hubiese elegido. La visión romántica de la depresión, la ansiedad o cualquier tipo de trastorno psiquiátrico es totalmente falsa. No es divertido, no es bucólico, no es agradable y no mola nada. Te desborda, duele y quieres que acabe ya. Piensas que ojalá la tierra se abra bajo tus pies todos los días, durante todas las horas.

Los problemas mentales no te ayudan a escribir mejor, no te hacen ser un genio. Trastornos mentales y escritores no tienen que ir de la mano.

Cuando tienes ansiedad es muy difícil hacer cualquier cosa. Los síntomas son muy variados, pero en mi caso es como pasar por un síndrome de abstinencia. Te preguntarás cómo es posible que sepa esto. Resumiendo, tuve unos dolores de espalda muy fuertes y mi doctora me receto ansiolíticos como relajantes musculares. Al volver a ir, había una suplente y no se le ocurrió otra cosa que quitármelos de golpe. Pase dos días con la impresión de que iba a morir, no podía estar en ninguna posición, no podía comer, estaba desesperada, sentía zozobra constante, presión en el estomago. Luego me enteré que había pasado por un síndrome de abstinencia. No se lo deseo a nadie. Pues la ansiedad es parecido a eso.
Sin embargo la depresión es más un estado de ánimo de abatimiento, nada te importa, podrías estar todo el día en la cama sin hacer nada, solo dejar pasar el tiempo. En mi caso, además odiaba a la gente, no quería estar con nadie, incluso deseaba que murieran todos.

Mi caso tal vez sea un poco diferente: la escritura me ayudó a encontrarme mejor. Cuando estaba en mi peor momento y solo pensaba en desaparecer, comencé una novela y creé el blog. El libro no tenía ninguna pretensión, era una manera de desahogarme pues no sabía hacerlo de otro modo. El rato que escribía no me sentía mal, estaba metida en otro mundo. El Sr. B me animaba a escribir cada día.  Llegue a crear una novela de mierda y, a la vez, la más maravillosa del mundo, la que me mantuvo con vida hasta llegar al Hospital de día. Cuando pensé en publicarlo fue cuando me metí en todo este mundo de los escritores emprendedores. Recuerdo que le dije al Sr. B “Este libro es una mierda, las primeras novelas siempre lo son, pero aún así, me encanta”. Y con su lógica aplastante me dijo “Pues escribe otro y que este sea el segundo”. Eso hice, estoy escribiendo el segundo y dejando ese ladrillo infecto y genial en un archivo de mi ordenador hasta que llegue su momento.

Una cosa que he aprendido en la terapia es que los miedos que causan las enfermedades mentales no deben paralizarte. Ese es el problema, dejar de llevar una vida equilibrada porque te aterroriza hacer cualquier cosa. He descubierto que soy una persona miedosa y valiente a la vez. Muchas cosas me dan miedo, pero lo bueno que tengo es que las hago a pesar de eso. Lo atravieso. Una vez le pregunte al psicólogo si en algún momento ese miedo se atenuaría. Me dijo que no lo sabía, pero que tenía mucho valor seguir haciendo lo que fuese, a pesar de ello. Así que ahora ya no me preocupo por ser miedosa y sigo para adelante.
Temo ser una escritora mediocre, pero mala, mala, mala de verdad. De esas que tienen faltas de ortografía en sus novelas y que no se entienden nada. Y antes no escribía por eso. Ahora lo hago con el deseo y la esperanza de aprender a escribir mejor cada día. Tengo miedo, pero no me paraliza.

También estaba asustada antes de escribir este artículo, sé que todavía las enfermedades mentales están estigmatizadas. Pero, ¿sabes qué? Me importa una mierda quién me vea de forma diferente tras contarlo. No me interesan esas personas. Todo el mundo ha pasado o pasará por una enfermedad mental en mayor o menor medida a lo largo de su vida. O al menos eso dice mi psiquiatra, tal vez solo para tranquilizarme. Me decidí a escribirlo tras leer este artículo de Jennifer Moraz con el que me siento muy identificada y oír este podcast de Ana González Duque donde habla de la ansiedad de los escritores.

Si estás pasando por una de ellas, recuerda tres cosas: hay mucha gente en tu situación (esto te valdrá de poco), aunque parezca que siempre será así, no es verdad y, por favor, busca ayuda. Acude al médico y cuéntale lo que te pasa. Todo tiene solución menos la muerte, o como diría Tyron Lannister de Juego de Tronos: “¡La muerte es tan… definitiva! Mientras que la vida está llena de posibilidades”.

Si yo, una de las personas más cobardes del mundo ha podido, tu también puedes. No tengas miedo.

Photo by Alex Boyd on Unsplash

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10 Comentarios

  • Reply Patri García 31 enero, 2019 at 11:07

    Hola Mj:
    Acabo de leer tu última entrada y me sale enviarte un abrazo fuerte, fuerte; de esos que unen nuestras partes rotas. Eres muy valiente contándonos tu experiencia y mostrándote con tanta sinceridad y sin dobleces. En mi opinión no eres una mala escritora, a mí me gusta mucho leerte y, además aquello que se hace con el corazón no es erróneo y llega a buen puerto.
    ¡Te sigo! Besos.

  • Reply Laila 31 enero, 2019 at 12:17

    No serás nunca una mala escritora, mala, mala, porque tienes las ganas y la perseverancia. Aprenderemos a escribir mejor cada día y, aunque no llegásemos a ser escritoras de éxito, seríamos felices también.
    Enhorabuena por este artículo y por seguir adelante a pesar de todo. Ya sabes cuánto te aprecio y cómo me identifico contigo en muchas cosas.
    Yo siempre he sido un poco bipolar, como tú dices, o todo o nada: o publico dos novelas o abandono si veo que no puedo. Ahora, sin embargo, he cambiado de meta, de objetivos, he dejado de presionarme, y estoy cumpliendo con más cosas de las previstas. No me agobio y soy feliz. ¡Brindemos por ello, por nosotras y por nuestros logros!
    Un gran abrazo.

  • Reply Maria 31 enero, 2019 at 21:07

    👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻

  • Reply María Arenas 31 enero, 2019 at 21:42

    Cada día somos más los que sufrimos trastornos mentales. Me sumo, aunque me parece un término demasiado grave para mi caso. Siempre he sido la mujer más equilibrada del mundo, pero los esfuerzos por serlo, me han superado. La ansiedad apareció y acudí al médico porque sabía que si perdía definitivamente el control, me costaría la vida y no podía consentirlo. Tomo antidepresivos, happy pills, las llaman, pero no son muy buenas para solucionar los problemas de fondo. Las estoy dejando y vuelve el dolor, la agorafobia y la ansiedad… Yo no he pasado por ningún hecho traumático, tengo trabajo y una vida gris. No hace falta que te pase nada ni tener antecedentes familiares para sufrir una enfermedad mental. Vivimos en una sociedad de mierda y punto.

  • Reply Aritz Pérez Berra 2 febrero, 2019 at 9:33

    Grandioso artículo, MJ. Los que hemos sufrido una enfermedad mental sabemos lo que nos cuesta hablar de ello. Yo he sufrido dos depresiones en mi vida. La primera me dejó un poco tocado (aunque siempre lo he estado un poco), y la segunda me metió en el pozo más oscuro. No encontraba luz por ningún lado, salvo una pequeña ahí a lo lejos. Y para llegar allí tuve la mejor compañía: la literatura. Escribir mundos imaginarios me permitía escapar del mío, y visitar los que habían escrito otros me permitió evadirme. Tienes un mérito enorme por haber escrito este artículo. Eres muy grande MJ, y espero que poco a poco te vayas dando cuenta. Estoy deseando tener pronto tu libro en mis manos. Un abrazo enorme.

  • Reply Anael 2 febrero, 2019 at 15:31

    Olé, MJ, me quito el sombrero ante este desgarro de alma que nos has dejado aquí plasmado.

    Gracias por tu generosidad, artículos como estos hacen que mucha gente (entre la que me eincluyo, no vamos a ser generalistas) se sienta menos sola.
    Mala escritora no serás nunca porque eres sincera, con los demás y contigo misma, te enfrentas a tus miedos con una voluntad admirable y perseveras en mejorar cada día.

    Un abrazo muy fuerte.

  • Reply Myriam 2 febrero, 2019 at 23:28

    Hola, MJ. No sabes lo identificada que me he sentido con tu historia, tanto por haber vivido algo traumático como por la autoexigencia y por vivir para los demás. Yo he tenido depresión y ansiedad y me alegra que se empiece a hablar de estos temas abiertamente. Es un alivio y una liberación dejar de sentir vergüenza y culpabilidad por estar mal mientras los demás hacen una vida normal. Creo que las personas que hemos pasado por estas cosas somos valientes, porque lo hemos tenido difícil y hemos luchado por superarlo conociéndonos mejor y buscando nuestro camino, replanteándonoslo todo. Un abrazo.

  • Reply Esther González 3 febrero, 2019 at 12:19

    Por lo q te sigo, no es posible q vayas a ser una mala escritora.
    Me parece q esta entrada ayuda y ayudará a mucha gente, incluida yo.
    Porque hay q recordar eso tan importante, ocurra lo q ocurra, de q el miedo NO nos paralice: no hacerle ni caso
    La vida es larga, pasan muchas cosas, no estamos a salvo de nada y un trastorno, una depresión, puede ser parte de nuestro crecimiento y maduración
    Nuestro cerebro no es perfecto, y nuestro medio social, sus exigencias, es malsano.
    Mi respeto a tu trabajo q me ha servido muchas veces;y nos cuidamos, todos. Abrazo.

  • Reply Óscar Iborra 4 febrero, 2019 at 14:30

    Gracias por escribir esta entrada. Y no tienes por qué avisarnos de que es un artículo personal. A mí me gusta cuando leo cosas así, cuando leo a la persona detrás del blog. Ojalá más artículos así, en todos los blogs.
    Pasar por una depresión es una cosa jodida. Yo pasé por una. Y lo de “pasé” es una forma de hablar, porque esa cabrona se queda ahí esperando, con infinita paciencia, y cuando te descuidas salta sobre ti. Está bien quitarle el mito romántico a los trastornos mentales y su relación con la creatividad, no porque no haya algo de relación ahí, sino porque no es condición necesaria y suficiente. Así que ole por esa parte.
    Sin embargo, a pesar de los ánimos que ya estás viendo en los comentarios y en las redes a raíz de este artículo, la realidad sigue siendo que hablar de estas cosas, de cosas “personales” no vende. Por eso redoble de aplausos si vas a incluir artículos personales, uno al mes, como dices. Es que no hay otro modo, en mi opinión.
    Me quedo con lo de que hiciste ciencias porque eras una superwoman, y tenías que irte a por lo más difícil. Ni te imaginas la importancia que tiene para mí leer esa frase.
    Me alegra que hayas escrito esta entrada, y adelante con las que vendrán.
    Un abrazo!

  • Reply Luis A. Santamaría 6 febrero, 2019 at 14:00

    ¡Hola! Simplemente decirte que me ha parecido muy interesante lo que cuentas, y que me parece muy valiente por tu parte.

    Enhorabuena, y a partir de ahora, a comerte el mundo, que ya te toca 😉

    Un abrazo.

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