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Opinión cursos literarios. Mi formación en la Escuela de escritores de Madrid

23 enero, 2020
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En este artículo os daré mi opinión de los cursos literarios. Por si no has leído los artículos anteriores, te hago un resumen de cómo empezó mi aventura para conseguir asistir a un curso de escritura creativa.
Mi economía es, y ha sido en general, precaria. Para que te hagas una idea, estudié una carrera gracias a una beca. Por eso he tenido que medir mucho la inversión en formación a lo largo de mi vida. Nunca había tenido la oportunidad de hacer un curso de escritura. Pero tengo algo que suple la falta de dinero: creatividad, iniciativa y trabajo duro. Se me ocurrió la idea de ofrecer una serie de artículos en mi blog, que ya tiene una trayectoria y un público muy majo, a una escuela de escritura. Y quería que esa escuela fuera la Escuela de escritores de Madrid porque tenía muy buenas referencias de ella. Les hice la propuesta hace más de un año, pero en ese momento no se materializó. Sin embargo, volví a insistir este último verano y, al final, llegamos a un acuerdo: yo escribiría mi aprendizaje y a cambio podría asistir a uno de sus cursos. Concretamente al primer módulo del curso de Escritura creativa, que dura tres meses, en Alcalá de Henares. Este se complementa con otros dos, con lo que la duración sería de un curso escolar (yo solo acudiré al primero)

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En este artículo quiero contarte lo mejor y lo peor de un curso de escritura, visto desde dentro. Creo que puede ayudarte a decidir qué cursos literarios hacer y cómo aprovecharlo mejor.

En primer lugar, y esto es más bien una lección de vida, te imaginas en tu cabeza una historia que no se corresponde con la realidad. Yo estaba acojonada antes de ir, pensaba que todo el mundo sería Stephen King, y luego yo. No podía comer, no dormí la noche antes, lo pasé fatal. Tenía una idea rara de los cursos literarios. Esto también habla de la idea que tenía de mí como escritora y es lo que más agradezco al curso: descubrir que sé escribir. No es que yo sea Stephen King, pero si él es el 10, yo pensaba que yo era el 0 ó, siendo muy generosa, el 1. Y tampoco es así. Vale que me quedan mil cosas por aprender, pero también sé muchas otras. Y esto es algo que me dijo una persona muy sabia: a veces tienes que medirte con otro escritores para ser consciente de lo que sabes.

En el curso aprendí, entre otras cosas, que sé crear una historia, que tengo ideas originales que soy capaz de organizar y llevar al papel. También pude modificar errores que tenía y defender ideas o conocimientos en los que discrepaba con el profesor. Esto es algo que me ha costado mucho a lo largo de mi vida y que, hoy por hoy, puedo decir que sigo practicando. Han existido algunos puntos teóricos en el curso con los que no estoy de acuerdo y me han hecho dudar de conocimientos que creía firmes. En otro momento de mi vida los admitiría sin más, pero tras consultar con otros autores y profesionales, me reafirmo en mis conocimientos y me enorgullezco de ello.

A cuenta de esto, quiero recalcar que todo lo que sabía de escritura se lo debo a dos cosas: al Coaching de escritura que estoy haciendo con Ana Gonzalez Duque y a todos los libros que he leído de escritura. Lo he dicho siempre, pero lo repito, un curso de escritura te aporta una experiencia única, pero para mí la mejor formación es un coaching donde el profesor te corrige sobre tu propio texto. El problema: el precio. Es uno de esos servicios que tiene un precio elevado para quién lo paga y un precio bajo para quién lo cobra. Aún así creo que todo el mundo debería hacer un curso de escritura presencial, porque obtienes opiniones de otras personas, algunas de ellas muy valiosas, y descubres puntos en tu forma de escribir en las que nunca te hubieses parado a pensar.

Dicho esto, y aunque sea repetitivo, el curso me ayudo a conocerme más como escritora y a descubrir que sabía escribir. El curso de Escritura creativa está más orientado a personas que se inician por primera vez a la escritura, sin mucho conocimiento previo y poca práctica. Es un modo de ver si de verdad te gusta escribir y quieres profesionalizarlo en un futuro o, simplemente, pasártelo bien como un hobby. Ir a las clases era una actividad que me sacaba de mis obligaciones (la época de trabajo en la que fui era muy fuerte). Pero si tienes más experiencia, yo buscaría algún otro curso de la Escuela de escritores que esté más orientando al género que escribes o a las carencias que tengas como escritor. Y antes investigaría a los profesores que los imparten. Dos cursos que me parecen interesantes, por los profesores, son Invitación a la literatura infantil y Literatura fantástica. El primero es impartido por Chiki Fabregat y si lees su blog o sus historias en facebook tendrás ganas de apuntarte. El segundo es impartido por Alejandro Marcos e Inés Arias de Reyna. No conozco personalmente a ninguno de los dos, pero escriben artículos muy interesantes en el blog (asociado a la escuela) Centauros más allá de Orión.

Lo bueno de los cursos literarios es compartir conocimientos y opiniones con otros escritores. Actualmente tengo amigos escritores que he conocido en cursos online. Gracias a ellos sientes que no estás solo en este gran mundo escritoril, compartes miedos y alegrías y también muchas dudas. Por desgracia, el grupo que se formó, aunque la gente era agradable, no rompió la barrera de ser compañeros de aula. No se creo el típico grupo de whatsapp y tampoco se llegó a formar un grupo con el que poder ir a tomar algo después de las clases (aunque yo llegué a proponerlo). Eso, unido a que cada vez eramos menos alumnos, no hizo posible que intimáramos más. Una pena.

Otro punto positivo de los cursos literarios es que te obliga a adquirir el hábito de escribir, tienes que hacer tus ejercicios cada semana y de eso no te libra nadie (si es que quieres sacarle rendimiento al aprendizaje) y sobre ellos se vierten diversas opiniones. El problema, al principio, era que éramos demasiadas personas y no se corregían en clase todos los textos. Esto es fundamental, tener opiniones de tus compañeros y del profesor, pues es lo que te hace modificar tus errores. Por mucha teoría que leas, sin correcciones sobre tu texto, no sirven de nada. Esto se soluciono cuando fuimos menos.

Por último, en el curso me sentía en ocasiones como Cenicienta, de hecho, el retelling que hice fue de este cuento. Puede que los cursos sean baratos para lo que ofrecen (no puedo valorarlo porque no sé los costes), pero, debido a mi economía, yo nunca me los podría permitir. Esto es algo que no me sorprende, porque es algo que me ha pasado toda la vida: no poder obtener mejor formación por no tener dinero para pagarla. Sé que tienen algunas becas, aunque no las conozco detenidamente. Así que, podéis ahorrar, pedir un curso como regalo de navidad o de cumpleaños, investigar el tema becas o echarle imaginación como yo. A veces hay que dar varias vueltas hasta conseguir lo que quieres.

Aquí os he narrado mi experiencia en el curso de escritura de la Escuela de escritores, espero que os sirva de ayuda para decidiros a mejorar vuestra formación.
Os dejo enlaces a los otros artículos de la serie:

Y para terminar. El último ejercicio que hice y el más complicado. Había que escribir de 600 a 800 palabras sin poner más de tres puntos (yo solo puse uno). Fue muy difícil, pero me gustó el resultado (algunas voces me han dicho que es lo mejor que he escrito, no será para tanto…)

VENGANZA

Mentiste y, lo peor de todo, es que no sé si lo sabías cuando lo hacías o si lo encubrías con el desconocimiento más estúpido, cuando me mirabas con tus ojos entreabiertos, llenos de ira y venganza, cuando hablabas con ese graznido agudo que impulsaba las palabras más absurdas envueltas en una petulante costra de resentimiento, cuando caminabas sin pausa, fugazmente, de un lado a otro de la habitación, deseando que todas las miradas se posaran sobre ti como lo llevaban haciendo demasiados años, cuando escuchabas sin prestar la más mínima consideración a lo que quería decirte, que era importante y formaba parte de mí, creyéndote poseedor de la verdad absoluta, rey de patrañas envueltas en papel de regalo resquebrajado por las garras que los esperan la mañana de Navidad, y, a pesar de todo, hoy te sigo escuchando: escucho tus vacías muescas de explicaciones que circulan por mi cerebro sin darte mayor aprecio, porque ni lo vales, ni lo mereces, ni yo tampoco el caer en tus garras mugrosas, escucho los consejos yermos que forman parte de toda tu vida, creyendo que las mentiras se apilan para formar una torre tan alta como tus desprecios, escucho tus dientes rechinar y quebrarse en cada grito cuando me hablas, escucho tus pasos acercándose a mí sin mover los pies, reptando, al igual que lo hace tu alma, poseedora de pliegues donde guardar cada una de tus mentiras llenas de llagas, escucho tu ropa arrugarse y estirarse, como si raspara con papel de lija esa madera que terminará siendo una escultura en cualquier altar de segunda división, pero, sobre todo y por encima de todo, por fin, las escucho a ellas en mi mente: «Olvida sus palabras», «No tiene razón», «Se perdió en mitad de su vida», «Tienes que alejarte», «Nosotras te ayudaremos», «No pierdas el rumbo», «Fija el objetivo», «Esto ya se acaba», «El futuro será mucho mejor», «No dejes que entré en tu interior», frases que me repito una y otra vez, sobre todo esta última: «No dejes que entre en tu interior, no dejes que entre en tu interior, no dejes que entre en tu interior», y eso es lo que voy a hacer hoy: voy a amurallar mi alma y mi mente para que no puedas atravesarlos, voy a proteger mi interior con todas las armas obtenidas a lo largo de mi existencia, construiré altos muros del metal más resistente, del que no pueden romper ni las catapultas más poderosas, bordaré a su alrededor alambre de espino de doble o, tal vez, triple vuelta, engalanado con cristales bañados del veneno más letal para que cuando vuelvas a reptar hasta mis pies muertos, a graznar en mi oído tus ideas ignorantes, llenas de prejuicios e inertes palabras, tus falsas verdades universales, tus mentiras cubiertas de un velo de plata, no llegues hasta mí, protegida por todo lo que soy y todo lo que tengo, por todas las armas que ellas me dejaron cuidadosamente envueltas con telas descoloridas en la puerta de mi morada y que no supe blandir hasta ahora, porque pensaba que eras intocable, reverenciado e idolatrado, falso ídolo de barro, pero no lo eres, nunca lo fuiste, nunca lo serás; por eso hoy lucho contigo con todas mis armas: te venceré, te mataré, te colgaré del mástil más alto de la ciudad para sepan el engendro que eras, que el conocimiento que tanto proclamabas y del que tanto te vanagloriabas, que gemía en mi oído y que se ampliaba en mi mente, que tanto te engalanaba, no era tuyo, pero sí nuestro.

Soy libre: hoy estás muerto.

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1 Comentario

  • Reply Camila 4 febrero, 2020 at 2:11

    Hola sabes de alguno online? Soy de argentina

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