Cómo ser escritor

En que se parece el deseo de escribir con una semilla

14 Marzo, 2017

Hay semillas de loto que han permanecido en latencia por 1300 años. Son semillas viables pero que no germinan porque las condiciones exteriores no son las adecuadas. Son así de listas. Quedan durmientes hasta que puedan asegurar que se desarrollarán sin sufrir daños como, por ejemplo, exceso o falta de agua.

Creía que esta cualidad sólo estaba presente en las plantas y algunos animales (como los osos cuando hibernan). Pero me equivocaba. En los humanos, como he podido comprobar, también hay vestigios de esta latencia prodigiosa.

 

De este modo el deseo de escribir quedó latente en el fondo de mi alma. Como una semilla de loto. Como un oso que hiverna.

 

Latente por unos 25 años, no es nada si lo comparamos con la planta de loto de 1.300 años. Me pregunto si la semilla de loto será consciente de que se encuentra en un largo sueño. Puedo decir con seguridad que en mi caso muchas veces olvidé que ese deseo estaba allí esperando su momento.

Sobre todo quedaba oculto cuando el “Demoni MJ” hacía acto de presencia.

Ahora recuerdo con claridad cuando, siendo una niña, gané un concurso de poesía en el Colegio. El tema era la Paz. Creo que fue uno de los momentos más bonitos de mi vida. Tuve que leer la poesía frente a un micrófono y sonó por todos los altavoces del centro, eso no me gusto tanto. Pero sí me gustó el libro que me dieron (“Macarrones con cuentos”) y todavía puedo sentir lo emocionada que estaba por haber ganado.

Después de aquello fui redactora y escribía artículos para la revista del colegio. Era genial sentirse tan especial.

 

Todos mis profesores decían que acabaría siendo Periodista o Escritora. Pero se equivocaban… ¿o no?

 

Y luego… Luego no sé que paso. Creo que me perdí. Y tarde 25 años en encontrarme. Aquellos deseos de escribir se borraron por completo de mi mente y quedaron dormidos en lo más profundo de mi alma. De vez en cuando un pequeño recuerdo, una sensación confusa de haber perdido algo, un cosquilleo en el corazón… me recordaba que ese deseo todavía estaba allí.

Pero no era el momento y esa semilla seguía esperando. Quedó perdida entre las obligaciones de la vida. De la gente oscura y siniestra que te obliga a renunciar a tus sueños… Porque de los sueños, según ellos, no se puede vivir. No son serios.

Y un día la vida te sacude. De forma cruel e impasible. Te dice: “¿Eres tonta o qué te pasa? ¿No recuerdas lo que tanto deseabas? ¿No recuerdas lo buena que eras?” Pero para decirte eso te trastoca la vida, la vuelve del revés, la trasforma por completo. Duele. Un montón.

 

Puedes hacer dos cosas: dejar que la semilla siga latente y arriesgarte a que al final no sea viable, o bien, trabajar las condiciones externas para que sean lo más favorables posibles y germine.

 

Eso es lo que estoy haciendo: trabajar en mi misma y en mi entorno para que esa semilla pueda crecer con las mejores condiciones posibles. Al principio seguro que será débil, estará a merced de todas las plagas y enfermedades que se encuentran en el mundo. Luego se irá alimentando y se hará grande y fuerte. Aunque siempre necesitará de ayuda externa. Y siempre, siempre, siempre deberá protegerse de aquella gente absurda que quiera destruirla.

Como es lógico si no cuidas tu planta morirá… pero mi plantita está a punto de nacer y yo voy a hacer todo lo posible para que se desarrolle lo mejor posible… nadie, ni yo misma, podré culparme de no haberlo intentando. Lo intentaré cada día hasta ver lo bonita y fuerte que es mi planta.

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